Por: Alejandro Céspedes
Simple Solutions
Estoy con Geny en la Cámara de Comercio de Medellín. La conferencia de Andrés Aguirre, el exdirector del Hospital Pablo Tobón Uribe está a punto de empezar. Geny suelta una grosería y me dice “se me olvidó cargar el celular”.
¿No trajiste la batería externa que te regalé? le pregunto.
Sí, la tengo en el bolso, pero está descargada.
La miro. Me mira. Los dos sabemos lo que eso significa: eso y nada es lo mismo.
Unos meses antes, yo mismo le compré la batería porque Geny acostumbra a vivir con el celular a punto de morir, como si disfrutara la adrenalina de vivir al límite. Pero el regalo no surtió el efecto esperado, porque se le olvida meter la batería en el bolso, o la mete, pero descargada.
Mientras Geny sale del salón a buscar dónde cargar el celular unos minutos mientras empieza la charla, me doy cuenta de algo que no había notado.
Muchos planes de contingencia fallan por una razón simple: existen solo en el papel. Y un Plan B que no se puede ejecutar cuando se necesita es exactamente igual a no tener ningún plan.
Lo veo todo el tiempo en empresas: dicen que tienen un proveedor alterno para elevar capacidad, pero nunca le han hecho un pedido. Que tienen un crédito aprobado, pero nunca han hecho uso de él. Que tienen una máquina vieja de “backup”, pero no la usan hace años.
Y cuando llega la urgencia porque siempre llega se dan cuenta de que su batería está descargada: el proveedor alterno no cumple con los estándares de calidad requeridos, el banco dice que el desembolso tardará varios días porque debe hacer una actualización de datos, y nadie en la planta sabe manejar la máquina de reemplazo.
Pensar que el plan B va a funcionar la primera vez que se use es una forma peligrosa de optimismo.
Geny aprendió esa lección con una batería externa, pero las empresas la aprenden con clientes perdidos, operaciones detenidas y sobrecostos gigantes. Y eso definitivamente duele mucho más que tener el celular descargado.
Por eso, en Simple Solutions ayudamos a nuestros clientes, no solo a diseñar amortiguadores de capacidad y de mercado para absorber imprevistos, sino a ponerlos en marcha. Metodologías como TOC y DDMRP se tratan de cómo mitigar un poco esa variabilidad que hay por todo lado, con planes B que sí funcionen.
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