Por: Alejandro Céspedes
Simple Solutions
Estoy en Chess.com jugando ajedrez. Acabo de ganar mi séptima partida consecutiva. Mi rival acaba de rendirse y yo, hinchado de orgullo, convencido que fue por la presión psicológica de mi juego, claramente superior.
Mi puntaje ELO acaba de llegar a 1082, un nuevo récord personal. Estoy seguro de que la mejora se debe a los videos de YouTube sobre la apertura inglesa que estuve viendo. Me siento imparable.
Pero hay un problema con esta historia: simplemente no es cierta.
No porque no practique, ni porque no esté jugando mejor. El problema es otro: lo que estoy interpretando como un cambio estructural en mi nivel… probablemente sea simplemente “regresión a la media”.
La regresión a la media suena complicada, pero es dolorosamente simple: si hoy obtienes un resultado atípicamente bueno (o malo), lo más probable es que el siguiente esté más cerca de tu promedio. No porque hayas cambiado tú, sino porque el resultado extremo fue, en parte, producto del azar.
En otras palabras: si hoy jugaste como un genio, mañana es muy probable que vuelvas a ser tú.
Lo difícil es aceptar esto. Porque preferimos creer historias: que gané porque entendí la apertura inglesa, que ascendieron al vendedor porque es un crack, que la campaña funcionó porque el gerente es brillante. Nos encanta pensar en “narrativas causales”, cuando muchas veces lo que estamos viendo es solo un golpe de suerte.
Y esto no pasa solo en ajedrez.
• Un vendedor tiene un mes extraordinario y lo ascendemos… para descubrir al mes siguiente que las ventas vuelven a su nivel normal.
• Una campaña de mercadeo se vuelve viral y hacemos del gerente un referente de la industria… hasta que la siguiente fracasa.
• Una planta reduce desperdicio al mínimo y creemos haber encontrado la fórmula secreta de la eficiencia… pero pronto los desperdicios regresan.
Cuando eso pasa, entramos en modo pánico: comités de mejora, auditorías, planes de choque. Pero lo que vemos no siempre es un cambio estructural. Muchas veces es solo una fluctuación natural. Un pico que, por definición, no podía sostenerse.
Y como no toleramos la incertidumbre, nos inventamos explicaciones para cada subida y cada caída. Luego tomamos decisiones importantes basadas en esas explicaciones.
Vuelvo a mirar mi gráfica de ELO en los últimos meses y veo dos picos clarísimos: uno en abril y otro en julio.
En abril, mi confianza se disparó. Me creí más inteligente, más estratégico, más sólido. Me inventé teorías sobre mi progreso. Pero poco después, vino la realidad: una buena racha, seguida del regreso a mi nivel habitual. Ese pico no era la nueva norma. Era solo eso: un pico.
En las empresas pasa lo mismo. Resultados atípicos que interpretamos como tendencia. Malas rachas que creemos desastres permanentes. Éxitos pasajeros que nos hacen sentir que encontramos la fórmula mágica.
La próxima vez que veas un resultado en ajedrez, en ventas, en producción hazte esta pregunta antes de cambiar toda tu estrategia:
👉 ¿Esto es una variación significativa… o simplemente ruido?
Porque a veces, lo que parece un avance estructural es solo un buen día. Y lo que parece un desastre, pronto tendrá un rebote natural.
Por eso, con tristeza y algo de resignación, sé que esta buena racha en la que ando viene acompañada de una corrección hacia abajo. Los mantendré informados.



